viernes, 31 de marzo de 2017

La salida de humos

Una de las cosas que queremos hacer para mejorar la eficiencia energética de nuestro piso es sustituir la calefacción eléctrica que tenemos por una estufa de masa térmica.

Radiador eléctrico a la entrada del piso

Cuando compramos el piso, tenían unos radiadores antiquísimos que no funcionaban bien. Como la finca no tiene gas y no se podía poner, nuestra única opción fue poner radiadores eléctricos. Por aquel entonces, como el piso tiene dos ventanas en cada hueco, pensábamos que estaría bien aislado y que nuestro gasto en calefacción sería muy poco. Como además siempre nos calentamos nosotros primero (nos abrigamos, vaya) antes que el ambiente, estábamos acostumbradas a gastar muy poca calefacción. Qué golpe nos llegamos cuando empezaron a llegar las facturas de la luz.


Salida de humos de la antigua chimenea.

En este edificio todos los pisos se hicieron con chimenea, pero la mayoría de la gente las quitó. Los vecinos nos decían que el tiro no iba, que cuando alguien enciende la chimenea en su casa el humo salía por otra casa y que no se podía poner estufa. 
Salida de humos

Cuando decidimos invertir nuestros esfuerzos en una modo de vida urbana, en vez de rural, como estábamos haciendo con nuestra finca, una de las primeras cosas que hicimos fue retomar la idea de calentarnos con leña. Llamamos a un especialista que por la módica cantidad de 50 euros midió la fuerza del tiro y nos aseguró que no tendremos ningún problema.

Ahora que sabemos que el tiro funciona, estamos en el proceso de diseñar una estufa de masa térmica y viendo quién nos la hace. Estamos muy, muy ilusionadas con esta parte del proyecto.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Ventanas mixtas madera/aluminio y el maldito PVC de las narices

Una de las medidas que hemos decidido tomar para mejorar el aislamiento de la casa, es cambiar las ventanas que dan a la calle.




Como veis en las fotos, hay tres ventanales grandes que dan a la misma calle y miran al norte. La casa está abierta, incluso la zona de dormitorio, aunque eso podría cambiar un poco en el futuro.

Así pues, nos fuimos al polígono industrial de la zona para pedir presupuestos de ventanas. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que el 99,99% de los establecimientos que fabrican e instalan ventanas sólo ofrecen ventanas de PVC.

El PVC no sólo es plástico (y estamos eliminando el plástico de nuestra vida), sino que además es uno de los plásticos más contaminantes durante toda su vida (desde la fabricación hasta la eliminación) y peligroso para la salud.

Si queréis saber más sobre el PVC, Greenpeace es una buena fuente de información: en inglés aquí, en español, un pdf, aquí y alternativas al PVC para diferentes usos, en español, aquí (pdf).

En el único sitio donde nos ofrecían ventanas de madera, el señor tuvo a bien explicarnos que la madera es más contaminante que el PVC, porque al extraerla se arrasan bosques enteros, incluso destrozando el suelo con excavadoras. No hace falta ser muy lista para darse cuenta de que la madera que usa en ese sitio no se está gestionando de forma sostenible (aunque el señor nos aseguró que tenían todas las etiquetas de sostenibilidad habidas y por haber) y como nos fiamos bastante más de Greenpeace que de un señor que, además, tiene un montón de reseñas negativas en Google por su agresividad (que demostró con creces en su arenga), pues nos fuimos de allí pitando y con bastante desconcierto.

Después de semanas de búsqueda empezamos a sentir que tendríamos que conformarnos con unas ventanas de aluminio. Hablamos con unos amigos muy ecologistas y "enterados" (en el buen sentido) que nos dijeron que ellos habían optado por eso. El problema del aluminio es el puente térmico, a saber, que el aluminio conduce muy bien el calor, creando, como si dijéramos, un puente, tipo autopista, para que el calor salga de la casa por el marco de la ventana. Nuestras actuales ventanas de aluminio demuestran muy bien el fenómeno. Para evitar este problema, se pone entre las dos capas de aluminio que forman la ventana un aislante que se llama "rotura del puente térmico". Pero al parecer ese aislante tiene una vida de 10-15 años, ya que como el aluminio se ve influido por los cambios de temperatura ("trabaja") el aislante está en bocadillo entre dos capas que no paran de moverse, contraerse y expandirse, y acaba rompiéndose por pequeñas zonas que el calor aprovecha para escaparse (pues bueno es él).

La solución es poner ventanas de madera pero 1) sólo las encontramos en el sitio del señor agresivo que se carga tres o cuatro bosques para desayunar y 2) son muy, muy caras.

Pero, pero, en un gran almacén de esos masivos, encontramos, ta cháaaaaan, unas ventanas mixtas madera/aluminio con todas las chuladas que se llevan ahora (apertura oscilobatiente, doble cristal bajo emisivo de no sé cuantos mm con cámara de aire de otros no sé cuantos mm, etc).Son las ventanas Uni-One (aquí un vínculo, aunque no las hemos comprado a esta gente).

Estamos muy ilusionadas con estas ventanas y en breve iremos a firmar el presupuesto. Os informaremos entonces exactamente de cómo son, cuánto nos cuestan y dónde las hemos encargado.

martes, 28 de marzo de 2017

Segunda fermentación del kéfir de agua

Hemos conseguido activar el kéfil de agua sin problemas. Mirad qué lindo queda cuando está vivito y coleando:


Ese agua la tiramos y volvimos a poner el kéfir, ahora activado, con azúcar  y agua.

Éste es el termómetro que usamos, por cierto.

Dos días después, filtramos el agua y la probamos: era ligeramente avinagrada y dulce, rica pero sin más. No tenía burbujas, lo cual al parecer es frecuente en las primeras semanas después de la activación del kéfir, a parte de que si produce alguna pequeña burbuja, como no está cerrado, se va. Así que nos decidimos por una segunda fermentación con zumo de limón (de 1/2 limón) y un trocito de jengibre que andaba perdido por el frigorífico bien picadito.

El jengibre.

El zumo de limón.

Ah, sí, y un poco más de azúcar. 

Y el agua de la primera fermentación del kéfir.

Bien cerradito para que no se vaya el gas.

Y tras tres días encima del módem (único lugar calentito de esta fría casa), tacháaaaaaaaaaaaaaaan.


video

Muy rico, pero todavía queda mucho que explorar, ya que me parece un poco amargo (aunque a mi mujer le encanta).

Vamos a seguir experimentando y contándoos nuestras aventuras. Mientras tanto, para vuestra diversión, una toma falsa:

video

viernes, 24 de marzo de 2017

Las ventanas superineficientes

Nuestro piso está orientado al norte/noreste. Es una pena, porque este es la peor orientación que se puede tener, pero nuestra prioridad es el acceso sencillo para nuestro hijo, que se desplaza con una silla de ruedas.

Gran ventanal de la zona del salón.

A pesar de ser un primero orientado al norte y tener las ventanas escondidas debajo de los balcones del segundo (por desgracia, nuestro piso no tiene balcón), el piso es bastante luminoso ya que tiene un chalet bajito delante y detrás del chalet hay un piso muy grande pintado de blanco que refleja la luz del sur hacia nuestras ventanas.


Ventana de la zona de despacho, desde donde escribo estas líneas.

Las tras ventanas que dan a la calle son muy grandes, lo cual está muy bien, pero también son 1) de aluminio y 2) correderas. A pesar de que hay doble ventana (es decir, dos ventanas una tras la otra, comiéndose toda posibilidad de tener un alfeizar donde poner alguna planta), las ventanas son superineficientes desde el punto de vista energético, amén de malas de limpiar.

La zona de dormitorio también tiene una gran ventana.

Si a eso le añadimos unas cajas de persianas enormes, antiquísimas, de madera mala y con cero aislamiento, y una fachada sin cámara de aire ni ningún aislamiento, os podéis imaginar lo que cuesta calentar esta casa.

Nuestro primer objetivo es la eficacia energética del piso, así que vamos a cambiar las ventanas y mejorar el aislamiento de esa pared.

martes, 21 de marzo de 2017

Activación de kéfir de agua deshidratado

Parte del proyecto de permacultura para nuestro piso es mejorar nuestra alimentación y explorar la fermentación como forma de preparar alimentos ricos y nutritivos. Y aquí es donde entra de lleno el kéfir de agua.

No sé vosotros, pero yo con los años encuentro que el agua por si sola cada vez me satisface menos cuando tengo sed. Prefiero una infusión, té, gaseosa y tónica, sobre todo por las tardes. Mi idea es conseguir hacer un refresco rico y sano, con un poco de aguja, como el que tomé en Rayén Vegano, un restaurante fantástico del centro de Madrid. Era un kéfir de agua aromatizado con limón y jengibre y probablemente la cosa más rica y satisfactoria que he bebido en mucho tiempo (sí, me gusta más que el martini...).

En Rayén Vegano te regalan el kéfir si vas con un bote de cristal, pero yo no iba preparada así que recurrí al Facebook para mendigar un poco de kéfir de agua. Y Manuel, que es un chico fantástico (¡Hola, Manuel!) me mandó un poco.

Me llegó esto.

Y esto es lo que venía dentro.

Así que hice lo que cualquier persona cuerda haría en la edad en la que vivimos y le recé a San Google para saber qué hacer con ello. La respuesta fue una página en inglés (esta).

Lo primero que hay que hacer, si tienes agua de grifo "de la traída" como yo, es eliminar el cloro. Para eso dejamos un litro de agua en una sopera 24 horas encima de la mesa de despacho.

Después, reunimos los ingredientes:

Azúcar de caña, granos de kéfir deshidratados, agua sin cloro,
un bote bien limpito, una gasa limpia y una goma para agarrarla.

Se calienta el agua (1 litro más o menos) y cuando está caliente se echa dentro el azúcar (aprox. 100 gr) para que se disuelva.

Se remueve sin usar utensilios metálicos (al parecer el kéfir se lleva mal con el metal).

Se abre la bolsa del kéfir deshidratado.

A ser posible con estilo.

Cuando el agua con azúcar está a temperatura ambiente (22 ºC) o un poco por encima de temperatura ambiente, se echa el kéfir en el agua. Ojo que no se quemen los granos de kéfir, que están vivos y la palman. Yo para esto usé un termómetro que tenemos para hacer queso, pero no sé porqué no le hice fotos. 

Tal que asín.

¿Veis los granos? Son oscuros y compactos.

Luego se tapa el bote con la gasa y se sujeta con la goma.


Y se pone en un sitio a temperatura ambiente (22 ºC) o ligeramente superior. Nosotras somos una ratas de la calefacción así que nuestra casa en invierno no llega a los 22 ºC, por lo que toda fermentación tiene que hacerse encima del módem.

Así aprovechamos el calorcito que libera el aparato en cuestión.

Uno de los principios de la permacultura es ver el valor en lo que se suele considerar residuo, ¿no? Esta calor residual del módem nos ha dado muchas alegrías.

Ahora se dejan los granos de kéfir tranquilos durante 3-4 días, momento en que se tira el agua azucarada y se usan los granos ya activados para hacer agua de kéfir.

Seguiremos informando.